Para las familias de los desaparecidos, un memorial no es una obra bonita, una placa ni otro lugar para que los funcionarios lleguen, corten el listón y se tomen la foto. Es un espacio para recordar a quienes siguen buscando, para ponerles nombre y sobre todo, para que nadie se atreva a olvidar sus historias.
Por eso resulta difícil no mirar con recelo el anuncio de Marina del Pilar sobre el terreno donde podría construirse el memorial en Mexicali. Sí, la gobernadora confirmó que el predio pertenece al Estado. Qué bueno. Pero tampoco hay que aplaudirle al Gobierno por hacer lo mínimo: el terreno es suyo; la obligación de responderle a las familias también.
Porque mientras Marina habla de reuniones, proyectos y de que el memorial “va avanzando”, hay madres, padres, hermanos e hijos que siguen viviendo con la misma pregunta todos los días: ¿dónde está mi familiar?
Y hay algo que quienes nunca han pasado por esto difícilmente pueden entender: el vacío de no saber dónde está alguien es una herida que no termina de cerrar. No sabes si despedirte, no sabes dónde llorarle, no sabes si esperar una llamada, una noticia o un milagro. No hay certeza, no hay respuestas y muchas veces ni siquiera existe un lugar donde llevar flores.
La ausencia se vuelve parte de la vida cotidiana. Está en una silla vacía, en un cumpleaños, en una llamada que nunca llega, en cada vez que alguien pregunta por esa persona y la familia tiene que repetir que sigue desaparecida.
Y ahí está lo que parece que a veces se les olvida a los funcionarios. Para el Gobierno puede ser un proyecto más, con trámites, reuniones, presupuesto e instagrameable. Para una familia, cada nombre que se plasme en ese memorial representa a una persona que debería estar en su casa, no en una pared.
No estamos pidiendo un monumento para que Mexicali se vea bonito. Estamos pidiendo memoria, dignidad y respuestas. Y francamente sería una falta de respeto que ahora tengan que agradecerle al Gobierno por reconocer una tragedia que ellos llevan años viviendo en carne propia.
Marina todavía puede hacer las cosas bien. Puede escuchar de verdad a las familias, darles voz en el proyecto y demostrar que esto no va a terminar siendo otra obra utilizada para presumir resultados en redes sociales.
Porque seamos claros: un memorial no busca a nadie. No sustituye una investigación. No devuelve a una persona.
Y eso debería ser lo primero que entienda el Gobierno.
A las familias que siguen buscando, preguntando y esperando: este espacio debería ser de ustedes. De sus nombres, de sus historias y de la memoria de quienes todavía esperan volver a casa. No de ningún funcionario.
Y a Marina habría que recordarle algo muy sencillo: si algún día se inaugura ese memorial, no será una victoria de su Gobierno. Será el resultado de que las familias se negaron a dejar que sus desaparecidos fueran olvidados.

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