Dentro de un escenario político agitado gracias al régimen intervencionista del presidente Donald Trump, caracterizado por la intromisión estadounidense en los asuntos de la política interna de México, Claudia Sheinbaum ha hecho un llamado a los gobernadores y otros funcionarios públicos —específicamente a aquellos que pertenecen al partido guinda— para defender la soberanía de nuestro país.
No obstante, la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, se ha esmerado en poner frente al foco mediático su inquietud por que su gobierno esté supeditado a los intereses del país vecino. Una de las razones es recuperar la visa que Estados Unidos le revocó el año pasado.
Medios de comunicación como The New York Times y El País han documentado los supuestos favores políticos que la gobernadora Marina del Pilar le ha hecho al gobierno norteamericano. Para amenizar las distintas polémicas en las que ha estado envuelta, entre ellas la de su exesposo Carlos Torres, investigado por estar presuntamente involucrado en una red de narcotráfico, la mandataria estatal “ha dado testimonio en contra de otros morenistas” (El País, 2026).
La gobernadora bajacaliforniana, quien cuenta con escasa formación y experiencia política, comenzó su carrera militando en las filas del Partido Acción Nacional (PAN) y llegó a Morena en 2015. En 2018, ostentó su primer cargo público como diputada federal electa. A pesar de haber iniciado bajo la línea del ahora partido opositor, se convirtió en la dirigenta de Baja California, cuyo gobierno se ha distinguido por escándalos de narcotráfico, corrupción y traición.

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