Sin novedad

El pasado 10 de noviembre se llevó a cabo la elección interna del Partido Acción Nacional, el partido cristiano-empresarial mexicano que tuvo en su historia dos presidencias de la república a comienzos de siglo y que se jacta de ser el partido político más antiguo en el país.

Más allá de su cuestionable pasado ligado altamente a los cristeros del siglo XX y su vena nazi el PAN ha fungido desde sus comienzos como una opción de clase media al PRI y posteriormente como una rabiosa oposición a MORENA.

El elegido para suceder en la presidencia del blanquiazul a Marko Cortés fue, para sorpresa de nadie, Jorge Romero Herrera. Marko y Jorge están altamente ligados en su carrera política, mientras el saliente presidente llegó a la dirigencia del PAN con el empuje y apoyo del queretano Ricardo Anaya el chilango Romero fue impulsado por el mismo grupo que al interior es visto como un nido de ‘juniors’ sin grandes triunfos políticos.

Mientras Marko representó junto a Ricardo Anaya la ruptura interna del panismo con el calderonismo, la corriente del último presidente blanquiazul, la llegada de Jorge Romero promete ser una especie de conciliación entre los anayistas y los calderonistas.

Romero no pretende expulsar del partido a los calderonistas (como sí lo intentó Anaya) sino más bien apuntalar sus negocios y capitales políticos para terminar de fagocitar al PRI y con ello intentar ser la única posibilidad real para el electorado frente a MORENA.

La tarea de la nueva dirigencia dentro de la cual se espera que Santiago Taboada, excandidato a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, sea protagonista se basa principalmente en aprovechar la coyuntura que tienen enfrente; con un PRD fallecido, un PRI disminuido a números que jamás fueron previstos y los grupos internos del PAN extraviados y sin un rumbo claro el Cártel Inmobiliario buscará primero salvar su propio pellejo y luego expandirlo a aquellos lugares en los que sus operadores puedan cosechar triunfos electorales.

Estados como Aguascalientes, Chihuahua, Querétaro y Guanajuato están en el punto de mira de los denominados ‘Oceans’ quienes además conservan dos alcaldías en la CDMX (Miguel Hidalgo y Benito Juárez) así como la dirigencia estatal. 

La lucha interna del panismo no es ideológica, ni siquiera es política sino por los reducidos cotos de poder que aún se conservan por la derecha mexicana. Este escenario de reducción y herida de muerte solo puede terminar de una manera; la peor.

El acaparamiento y ambición de los Ocean’s producirá una debacle aún más grande en el panismo, muestra de ello es la baja participación en la votación interna de este domingo, y en consecuencia un éxodo de posturas moderadas o con valores firmes del blanquiazul hacía otras fuerzas políticas o, peor aún, hacía nuevas formas políticas de derecha.

La caída absoluta del panismo (y del priismo) se dibujan inevitables en el panorama político actual y uno solo puede esperar que el morenismo no le abra las puertas de par en par a quienes buscando conservar sus privilegios abandonen al Cártel Inmobiliario pero también, personalmente, espero que los Salinas Pliego y los Verastegui no encuentren en esta decadencia del partido tradicional de derecha espacio para una radicalización de grupos con pensamiento trumpista/mileista en México.


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