Anteriormente discutimos sobre la figura de poder que resultan ser los museos, los narradores «autorizados» de la historia que se cuenta. Debemos entender esto como un hecho, lejos de ser algo positivo o negativo es la realidad; así podemos comprender que lo que sucede en los museos es un diálogo creado y contado por este narrador hacia sus espectadores que, en consecuencia, resultamos ser nosotros los visitantes. Pero, ¿qué ocurre cuando el diálogo que se cuenta es uno que ha sido silenciado hasta el punto de ser olvidado? Pues esto ocurre con los museos o «sitios de memoria».
En nuestro país el período comprendido entre los años de 1965 a 1990 se le ha denominado como «guerra sucia» por la Comisión de la Verdad creada en 2021; esta guerra no es más que la violencia ejercida por el Estado para evadir procedimientos administrativos y judiciales, cometiendo crímenes de lesa humanidad e ignorando los derechos civiles de las disidencias organizadas.
Durante mucho tiempo el Estado perpetuó esta violencia con la creación de una política basada en la negación de estos hechos, iniciando así la lucha por la verdad y la justicia de las organizaciones conformadas por los familiares de las víctimas, éstas continúan la batalla sin descanso, iniciada en 1990 con la creación de la Comisión de Derechos Humanos hasta 2021 con la Comisión de la Verdad y que permanecerá hasta el esclarecimiento total de las violencias efectuadas por el Estado.
La Comisión de la Verdad –creada por decreto presidencial en 2021– ha constituido en sí misma un objeto de investigación como lo comparte Jonathan López García en Las deudas del pasado y las urgencias del presente:
La construcción de una política de memoria y verdad en México; este objeto de investigación radica en la construcción social de la memoria sobre la violencia estatal del siglo XX y el esclarecimiento histórico desde las políticas públicas en el
México del siglo XXI.
Esta situación que se estaba viviendo en México forma parte de un contexto violento en Latinoamérica, con dictaduras y regímenes militares. Es por esta razón que también surge la necesidad de conocer la verdad. Asimismo, Argentina y Chile fueron pioneros en la consolidación de una memoria pasada reciente plasmada en los museos y espacios de memoria.
El Parque Villa Grimaldi en Chile resultó ser el primer centro de detención, tortura y exterminio que se recuperó para ser un espacio de memoria gracias a la lucha de los familiares, esto sucedió en 1997 abriéndose al público como un Parque de la Paz.
Por otra parte, en Argentina, la Ex Escuela de Mecánica de la Armada operaba como centro clandestino de detención, tortura y exterminio durante la dictadura de 1976 a 1983, es a partir del 2007 que se convierte en un museo de memoria in situ.
Estos dos sitios tienen como objetivo recobrar la memoria de la violencia ocurrida y darle voz –poder– a todas las disidencias que fueron silenciadas durante este periodo.
Mi intención al contextualizar es que conozcas no sólo la importancia de la memoria, sino que también se entienda la relación y relevancia de la creación de La Comisión de la Verdad, para dar paso a la creación de sitios y museos de memoria en nuestro país que otorguen el poder narrativo a las oposiciones silenciadas.
Ahora me gustaría que comprendamos en qué forma funciona la memoria; Elizabeth Jelin en ¿Quiénes? ¿Cuándo? ¿Para qué? Actores y escenarios de las memorias explica que, la manera en la que recordamos, es una forma de resistir o de mantener el control como ya lo hemos platicado, es aquí entonces cuando se da una lucha de memorias: una impuesta por el Estado y otra dada por la sociedad «comunidad».
Nosotros creamos memorias desde nuestra cotidianidad; dentro de nuestras rutinas ocurren quiebres que involucran nuestros afectos y emociones, lo que provoca nuestra reflexión convirtiéndose en eventos memorables. Así la memoria se transforma, «se expresará entonces de una forma narrativa, convirtiéndose en la manera en que el sujeto construye un sentido del pasado.»
Al crear las memorias desde nuestra cotidianidad, éstas están bajo un contexto cultural que nos da experiencias situadas, estas experiencias individuales al compartirlas construyen comunidad, por esto mismo, el olvido y el silencio tienen un gran poder. Toda narrativa del pasado implica una selección, debemos pensar y reflexionar: ¿Por qué estas memorias violentadas fueron silenciadas hasta hace cuatro años, qué buscaba esta selección?
Por lo anterior, debemos pensar la memoria como matizante del presente, no vista como algo pasado, sino como parte de nuestro presente y para crear las expectativas de nuestro futuro, además, reconocer su fuerza e importancia otorga poder desde la comunidad y su reconocimiento.
Los museos de memoria son espacios donde la memoria que en un tiempo fue silenciada y olvidada, retoman el poder narrativo de estas personas que por su afiliación política, sus ideales y luchas el Estado decidió violentar. Ciertamente, estos espacios otorgan el poder y la autoridad de seleccionar qué memorias son las que en realidad deben ser olvidadas. Para finalizar, quisiera presentarte los museos y sitios de memoria que existen en nuestro país, resultado de una larga lucha que, como comenté, sigue en pie y más firme que nunca.
● Memorial Circular de Morelia
Circular de Morelia 8 Sótano, Col. Roma Norte, Alcaldía Cuauhtémoc, CDMX, C.P.
06700
● Memorial Archivos de la Represión
Página web: Archivos de la Represión – Memoria y Verdad
● Memorial M68
Ricardo Flores Magón s/n Col. Nonoalco Tlatelolco CP 06900
Cuauhtémoc, Cuauhtémoc, Ciudad de México
● Museo Casa de la Memoria Indómita
Regina #66 Centro Histórico, Alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México
● Tlaxcoaque: Sitio de Memoria
Página web:tlaxcoaque.cdmx.gob.mx
● Memorica
Página web: Inicio – Memórica
● Sitio de Memoria. Torreón de la Memoria y la Verdad
Eje Vial 3 Oriente (Ingeniero Eduardo Molina) 113, 15350 Venustiano Carranza,
Distrito Federal.
El objetivo de este pequeño artículo no es otro más que el darte a conocer estos sitios, resultados de una gran batalla por la justicia y la verdad; qué conozcas su importancia y la de esta memoria social perdida, la cual debe de comenzar a cobrar mayor relevancia e interés social para formarnos como sujetos políticos situados que reflexionan: ¿Qué memorias recordamos, cuáles olvidamos, en qué contexto suceden? En conclusión, desearía que te dieras el tiempo de visitar alguno de estos espacios que te presento, para que en el próximo artículo podamos dialogar sobre: ¿Cómo leemos estos museos de memoria?
Bibliografía consultada:
● Jaso, Jimena. 2025. 《Museos memoriales y omisiones del pasado》, en A. Nahmad y A. Vázquez (Coord.). Retóricas de la alteridad, imágenes de la diferencia.
Perspectivas contemporáneas en la historiografía. 349-376. Universidad Autónoma
Metropolitana.
● Jelin, Elizabeth. 2009. 《¿Quiénes? ¿Cuándo? ¿Para qué? Actores y escenarios de las memorias》, en R. Vinyes (Ed.). El Estado y la Memoria. Gobiernos y ciudadanos
frente a los traumas de la historia. 117-150. RBA Libros.
● López García, Jonathan 《Las deudas del pasado y las urgencias del presente. La
construcción de una política de memoria y verdad en México (2018-2021)》 ponencia presentada en el Seminario de Movimientos Sociales, Memoria e Historia del Tiempo Presente, realizado en la Dirección de Estudios Históricos del INAH, 13 de agosto 2024.

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