El sueño de un junior

El pasado 15 de septiembre, mientras la población común estaba en la previa de los festejos
patrios en México, posiblemente cenando en familia o preparándose para el día de asueto,
apareció en la televisión un spot un tanto desconcertante para algunos, y para otros bastante
irrisorio.

El empresario y evasor fiscal Ricardo Salinas Pliego decidió anunciar con bombo y platillo, a
lado de su esposa, una especie de ‘asociación’ para –según él– combatir la corrupción y
trabajar por un México mejor. Como si de algún modo él fuera un referente moral o social
para determinar lo que es mejor para el país.

Este anuncio se da unos días después de que, junto a sus empleados, periodistas, opositores y
políticos de muy baja gama se reunieron para firmar lo que parece ser una plataforma política
que jura defender la libertad.

Y no es poca cosa preguntarse ¿a qué libertad se refieren? ¿De qué hablan cuando hablan de
libertad? Porque no es secreto para nadie que el dueño de televisión azteca ha admitido en
más de una ocasión su fanatismo y su cercanía con el mandatario argentino Javier Milei, cuyo
discurso habla de libertad mientras que en la práctica censura periodistas, golpea jubilados y
le roba el 3% del dinero destinado para las personas con discapacidad.

Ricardo Salinas Pliego no quiere realmente ser presidente, lo suyo es un poco más sencillo,
pero bastante más visceral. En realidad, Salinas Pliego lo que quiere es no pagar los 74
millones de pesos que le debe al fisco mexicano; en una especie de berrinche en contra de la
4T, el endeudado empresario ha pasado de la defensa al ataque.

Pretende fundar un movimiento en México que pueda posicionar o, en todo caso, concretar lo
que fue el efecto Milei en Argentina. Lo que es evidente es que el señor Salinas no pensó que
Milei es resultado, por un lado, de las pobres políticas y los retrocesos que la sociedad
argentina vivió con Alberto Fernández y, por el otro, el desgaste natural del peronismo-
kirchnerismo que terminó por habilitar el terreno político para que un outsider, «el peor
posible» terminara tomando posición en el tablero político.

México no sólo no atraviesa ese escenario, sino que se encuentra plenamente contrario a él; el
obradorismo y la 4T atraviesan su segundo periodo presidencial manteniendo los niveles de
aprobación que se manejaron durante el sexenio de Andrés Manuel e, incluso, llegando a
superarlos. Mientras que, en la acera de enfrente, no se podría tener una decadencia más
profunda.
Alito Moreno –el mismo barbaján que ha sido acusado de corrupción y fraude dentro de su
propio partido– y Lilly Téllez –quien ha convertido el senado en un circo y un griterío
lamentable–, encabezan la lista de adeptos al proyecto Salinista.

El sueño de Salinas Pliego de convertirse en presidente está impulsado por los mismos que
impulsaron la narrativa del «fenómeno Xóchitl», y quienes juraron a los cuatro vientos que la
4T iba a ser derrotada en el 2024; cosa que no solo no pasó, sino que fueron derrotados
apabullantemente. Se necesitaría de parte de la presidenta y de la 4T un rotundo fracaso en
economía, en lo social y en lo mediático para poder abrir paso a lo que pretende ser un «Milei
mexicano».
Tampoco creo que debemos tomarlo a la ligera; cuando el capital y los medios de
comunicación comienzan a hacer proselitismo –más abiertamente que de costumbre–, se
infiere que se están cocinando cosas oscuras en las alcantarillas. Esta clase de ratas no sale a
la superficie si no tiene listo un entramado por debajo que los sostenga.

De momento parece que el anuncio es un blof más de aquellos que acostumbra, pero hay que
prepararse para enfrentar la batalla política, narrativa y mediática en contra del fascismo y de
lo que podrían ser cantos de sirena de la derecha mexicana.


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