Seguramente, en algún punto de nuestra vida nos han dejado la tarea de visitar un museo, pero seamos honestos, era muy tedioso y pesado perder parte de nuestro preciado fin de semana para cumplir dicha tarea. Pero ¿qué pensarías si te dijera que hay muchas más razones para esta apatía, que sólo un gusto personal?
Iniciemos pensando en un imaginario; supongamos que 500 años en el futuro un grupo de arqueólogos encuentran tu llavero favorito, ese que amas, que llevas a todas partes y que el sólo considerar perderlo hace que te duela el estómago; lo encuentran y por alguna razón no existe registro de qué es o para qué sirve. Al principio será un gran descubrimiento, todos estarán curiosos y emocionados por el extraño y lejano objeto. Sin embargo, al cabo de un rato finalmente descubren qué es y naturalmente termina en un museo para entender nuestra muy antigua y lejana cultura.
Una vez expuesto en el museo se lee una ficha qué únicamente dice:
«Ornamento colgante
Aproximadamente del año 2025
Cultura del centro del país.»
Déjà vu, ¿cierto? Evidentemente pasará desapercibido para los visitantes del museo. En efecto tu preciado llavero –el cual no simplemente amas, sino que también es reconocido y valorado en tu sociedad–, pasará a ser sólo un objeto ignorado en el museo como muchos otros ahora y si seguimos por el mismo camino en el futuro también.
Pero este escenario no tiene como objetivo el reprochar o «regañar» al lector por no valorar los museos ni mucho menos su relevancia, en realidad, se busca reflexionar y cuestionar: ¿Por qué nos cuesta tanto ver a las personas detrás de los objetos? ¿Por qué el museo crea un diálogo tan desvinculante entre nosotros y el pasado?
Con esta reflexión acerquémonos a lo teórico, primeramente, el museo debe ser entendido como una figura de poder: «que direcciona la memoria social y construye una mirada presignificada», esto en palabras de Gnecco Cristóbal quién muy acertadamente hace un análisis del papel del museo como «texto históricamente construido» en su artículo: Reflexión en tres actos sobre el museo.
Este artículo nos será de gran ayuda para comprender lo que hay detrás del museo y el desapego provocado por éste. El objetivo principal que se busca con los museos es la creación de una «nación» que sirva de identidad universal para la población, esta identidad se comienza a construir a partir del otro, desde el que es diferente, lo que no se es o lo que ya no será.
Pensemos entonces en cómo a lo largo de nuestra vida, no sólo en los museos sino también en la escuela se nos enseñó a los indígenas y al pasado desde categorías cómo: «salvaje, primitivo, tribal y mítico», conceptos muy lejanos a nuestro presente «moderno». Así estas instituciones «encauzan nuestra memoria, dando un sentido presignificado» (Gnecco, 3). Se nos impone qué debemos recordar y cómo debemos recordar.
Desde este principio es que se crean las exposiciones en los museos, ¿cómo? Primero te plantean los objetos de la manera más simple posible, alejándote de cualquier ser humano real detrás de ellos. Se presentan desde un misticismo distante como parte de «una cultura», no desde el alfarero que lo hizo en su taller familiar y que dejó plasmada su huella, o desde la niña que veía en esa figurilla «su llavero favorito»; el objeto sólo está ahí como un elemento aislado.
Alguna vez te has preguntado al ver una exposición «¿a quién le pertenecía?» y no «¿a qué gran cultura?» Esta imposición designada para mirar el objeto por sí solo fuera de su contexto y de nuestra realidad hace que el pasado resulte remoto.
Tengamos en mente que el pasado no es algo separado de la realidad, el pasado no se excluye del presente, es un proceso que resulta ser su origen y destino. Por ende, los objetos que se exponen junto con sus cédulas no deben ser aislados ni propuestos con un sentido autoevidente; como en el ejemplo de nuestro imaginario. Desde un inicio los museos y los objetos expuestos deben ser comprendidos e interpretados con una idea simultánea del pasado y presente, sin segregar el tiempo.
Regresemos a pensarlo desde un ejemplo más tangible, el Museo Nacional de Antropología. ¿Qué es lo que suelen decir sus cédulas? ¿Te parecen interesantes? o, al contrario, ¿te hacen sentir aburrido y desconectado? Parece ser que después de un tiempo todas terminan siendo iguales, sin embargo, si llegas a la sala Mexica y contemplas la piedra del sol te sentirás maravillado por nuestro «glorioso» pasado Mexica que, evidentemente, ya no existe.
Espero que todo lo expuesto en este artículo te haya ayudado a entender de dónde viene todo el tedio que acompaña a los museos. Sabes que, realmente, no es tu culpa, sino que hay toda una estructura que busca esta desconexión, esta lectura específica sobre los objetos. Sin embargo, te suplico que la próxima vez que vayas a un museo intentes reflexionar: ¿quién te está contando esta versión de la historia? Y: ¿desde dónde está llegando este objeto?. Pero aún más importante: ¿desde quién llega? y si los «otros» construidos como tal por el estado son algo que resuene en verdad con el presente.
Bibliografía citada:
Gnecco, Cristóbal. 2001. «Reflexión en tres actos sobre el museo», en D. Patiño (Ed.). Arqueología, patrimonio y sociedad.65-77. Popayán: Universidad del Cauca.

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