Como cada cuatro años el destino del mundo (esta ocasión menos que las anteriores) se juega en las urnas y fronteras que nos son ajenas como gran mayoría del mundo pues el poder de los Estados Unidos, el imperio dominante, se pone en juego el día de mañana.
En esta ocasión los comicios se disputan entre candidatos que pese a las diferencias de forma en el fondo no son tan dispares. Quizá para sectores de izquierda internacional esto lleva desde el mismo comienzo siendo de igual manera pero para el análisis es importante profundizar en los matices que se han perdido con el tiempo pues la renuncia implícita de la diferenciación política entre demócratas y republicanos es muestra del desgaste del bipartidismo y de la propia hegemonía norteamericana.
Los republicanos optaron por volver a posicionar al magnate ultranacionalista Donald Trump. En un momento en el que el mundo geopolítico se tensa y China comienza a posicionarse como la potencia emergente proponer un suspiro por el pasado glorioso de los Estados Unidos es casi la última esperanza del partido republicano para intentar posicionar su ideología y así aferrarse con uñas y dientes a sus mecanismos de control político y social.
El partido demócrata, en cambio, parece estar sufriendo una profunda crisis de identidad, primero intentó la reelección de Joe Biden; sin embargo la imagen poco cuidada y los videos de él perdiendo orientación produjeron un viraje hacia la vicepresidenta Kamala Harris. Harris ha intentado capitalizar políticamente su género y el hecho de ser una persona afroamericana para reducir la brecha entre Trump y ella. No obstante su posición en torno a la guerra en Ucrania y su respaldo al ente genocida de Israel demuestra una contradicción difícil de bordear.
No puedo compartir con las personas ciegamente optimistas su posición ante Harris como la única salvadora del mundo como lo conocemos pues a pesar de que Trump sea un buscapleitos internacional como presidente detuvo las tensiones en contra de los Estados Unidos. Esto podría significar el fin de Volodímir Zelenski al cortar los recursos que necesita para la guerra en Ucrania. Sin embargo es seguro que el genocidio en contra del pueblo palestino seguirá su curso sin problemas.
Tampoco puedo compartir las rabiosas ideas de los trumpistas (no solo por la ética personal y política que conlleva apoyar a un protonazi) cuando aseguran que el triunfo de Harris es la muerte del sistema político, económico y social de occidente. Kamala continuará y muy probablemente profundizará la política de Biden. Pondrá la máquina de guerra a tope financiando a Ucrania hasta que la inminente crisis económica (que ya tiene estancada la economía estadounidense) reviente e impida seguir quemando el dinero. Para el caso del genocidio de Israel se proporcionarán armas, dinero y protección diplomatica a cambio de contrato de reconstrucción y financiarización de medio oriente.
Para los países y gobiernos latinoamericanos el juego geopolítico tiene poco que cambiar con uno o con otro presidente; si bien Trump es más llamativo en sus declaraciones sobre Cuba y Venezuela lo cierto es que se ve complicado que el magnate apueste por una escalada en el precio de los energéticos considerando las sanciones existentes en contra del gas ruso.
Posiblemente lo más riesgoso sea para Javier Milei quien esperaría que su disposición a convertirse en el perro faldero de quien sea electo en los Estados Unidos (suspirando con que sea Trump) no le traiga los resultados deseados. La crisis en la Argentina requiere de dólares para poder estabilizarse y Milei espera que Trump le otorgue una línea de crédito parecida a la que le dió a Mauricio Macri hace algunos años para estabilizar al país, no obstante el proceso de migración de empresas dejaría a Milei con una deuda externa robusta y sin posibilidades de avanzar la industria.
La influencia norteamericana comienza a perder fuerza y la idea y posibilidad de un mundo multipolar se hace cada vez más tangible; estamos viendo agonizar un régimen que hoy no sabe cómo mantenerse vigente y que a menudo termina trastabillando entre su lengua acciones. La presión de China y de los BRICS así como una latinoamérica cargada mayoritariamente a la izquierda puede provocar la caída del imperio del siglo XX

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