No existe en la vida un problema más común que el de no poder o no saber definir las cosas; todo aquello que no se puede explicar no puede ser replicado y en consecuencia se hace uso del denominado ‘sentido común’ para ayudarnos a comprender lo que sucede.
Sin pretender que este texto se convierta en una oda a mi trayectoria política o mi paso por el activismo creo que una de las experiencias más clarificantes que he tenido recorriendo diferentes posturas de izquierda en mi vida es la de asumir que siempre habrá grupos dispuestos a aplaudirnos cuando decimos algo que refuerza sus creencias y a destrozarnos cuando nos salimos de sus límites.
El reconocimiento y la búsqueda de sentido, principalmente en la adolescencia, nos lleva a asumir algunas posturas populares de acuerdo con el tiempo en el que vivimos; en mi caso fue el ambientalismo y la postura socialdemócrata la que se llevaba las palmas pero apenas me empecé a acercar al zapatismo o a los populismos latinoamericanos se me reprimía socialmente.
Expresiones como ‘tú no puedes apoyar eso porque tú eres de izquierda y esos movimientos no lo son’ o ‘El populismo no es suficientemente de izquierda’ buscan que quienes comienzan a acercarse vivan una especie de culpa y renuncien a esos panoramas de posibilidades.
Con el tiempo uno define su pensamiento, sus luchas y sus teorías y descubre, casi sin querer, lo fatal que resulta cometer el error de permitir que sean otros espectros políticos los que definan nuestros sentires, pensares y acciones. Si uno como una persona de izquierda permite que sea la derecha la que le dicte lo que debe pensar, decir y hacer terminará, sin darse cuenta, sentado a la mesa con gente de derecha.
La política es un terreno en disputa total, disputa narrativa, disputa de pensamiento, disputa electoral y disputa de poder; no existe un espacio de la política que no sea una batalla y es por eso que uno debe de tomar su posición y defender su trinchera. ¿Cómo vas a consultarle a quien te ataca en donde debes de estar parado? Para la postura contraria tú no deberías estar de pie.
Esto lo escribo porque recientemente una columnista de El Universal jurada de super izquierda avisó (quizá para no traicionar) sobre un texto que abordará el acoso digital de lo que denominó ‘secta del bienestar’ y pidió testimonios. Ni tarda ni perezosa la doctora Denise Dresser levantó la mano para contar su historia (repetida en otros medios de comunicación).
Es aquí donde cabe preguntarse; ¿son las voces del Reforma y el Universal las izquierdas más a la izquierda del espectro? ¿Son las académicas y escritoras en voga las más reprimidas, silenciadas y atacadas entre las voces existentes? Personalmente creo que no.
Creo, como explicó Chomsky sobre la autocensura, que no tiene que ver con que la escritora o la académica no estén convencidas de ser la izquierda entre las izquierdas o las reprimidas entre reprimidos sino que es precisamente ese discurso el que les permite ocupar espacios en el Reforma y el Universal.
Quizá pensar que sus posturas son, de entre el espectro de izquierdas, las más cómodas para la derecha mediática permitiría a ambas comprender porqué los espectros les juzgan. Esto, desde luego, comprendería un ejercicio de crítica y reflexión profunda al que no quieren acceder pues pone en entredicho su sentido común y sus valoraciones personales.
El riesgo de no definirse de manera clara en su pensar, actuar y sentir contra el mundo permite a las líneas editoriales y a los grandes capitales mediáticos convertirles en productos que aparentan ser ‘disidentes’ pero que no atacan o se contraponen con los intereses de quienes mandan. En otras palabras, no saber quienes son hace que sean lo que el dueño espera que sean.

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