El eco del 68: La herida que no cierra, las voces que no se apagan
Tráeles flores el día de los muertos y ponlas en las manchas que hay en el suelo, ellos te darán las gracias desde las nubes altas que hay en el cielo. El tiempo y la distancia todo lo cubrepero no olvides la matanza del 2 de octubre
–Ricardo Tello Castillo
Es primero de octubre, se avecina el silbido de las ráfagas que rasgaron el aire hace ya casi 56 años, que pintaron de rojo su amanecer. Y aunque las calles fueron lavadas, las lágrimas no secaron la memoria del asfalto que conserva las huellas de los que ya no volvieron. Como cada octubre, la ciudad despierta con la cicatriz de aquel día.
Salgo de la estación del metro Tlatelolco, la memoria quedó impregnada donde la historia fue escrita en tinta roja. En piel y sangre, con lagrimas, consignas y gritos. Trazar el mapa de la masacre con el dedo, es seguir militando la lucha de aquellos estudiantxs y compañerxs que salieron a pronunciarse en contra de la represión ejercida por el Estado y que fueron silenciados para siempre por el mismo.
¿Cómo le decimos a nuestros muertos que nuestra generación sigue viviendo una serie de cataclismos medioambientales, el posible asenso del fascismo, desapariciones forzadas, capitalismo voraz, un genocidio atroz en vivo y en directo del cual somos espectadores, guerras, lamentos y rezos? Ellxs nos dirían; actívense, emancípense, salgan a las calles, radicalícense desde el amor, la hermandad, la virtud, los principios.
En el 18 brumario de Luís Bonaparte, Marx escribía: «La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos» Nos siguen pesando lxs muertos de ese infernal 2 de octubre, de esa noche triste en Iguala donde los 43 estudiantes normalistas de la normal rural de Ayotzinapa que se dirigían para la marcha del 2 de octubre no se olvida fueron brutalmente asesinados; que tengan la certeza de que a ellxs tampoco les vamos a olvidar. No más un «mamá, los mataron» no más sangre derramada de aquellxs que solo claman y exigen justicia, porque vivos los queremos.
Ante todo, me gusta pensar que a veces sí hay finales felices. A veces, la colectividad es acción tangible y poderosa . Me gusta pensar que las nuevas generaciones van a salir a apropiarse de las calles para gritar por lxs que ya no pueden y ya no están. La lucha la heredamos, la comunidad resistente y solidaria la tejemos todxs juntxs. Como el gran Fito Paéz escribió en una hermosa canción porque:
¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón Tanta sangre que se llevó el río Yo vengo a ofrecer mi corazón
No será tan fácil, ya sé que pasa No será tan simple como pensaba Como abrir el pecho y sacar el alma Una cuchillada del amor
Imagen: Mural de la Facultad de Ciencias políticas y sociales
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