Adiós, presidente

La suerte ha querido que mi columna se publique el último día de mandato presidencial de Andrés Manuel López Obrador. Llevo una semana entera tratando de decidir en qué tono y sobre qué asunto escribir esta columna porque por un lado la parte militante me desborda pero por el otro; la parte crítica me demanda dilucidar los adeudos, principalmente en materia de Derechos Humanos y más específicamente en casos emblemáticos como el de los 43 normalistas de Ayotzinapa a quienes se les prometió justicia y no llegó.

Podría escribir estas líneas en un tono triunfalista y presumir la reducción histórica de la pobreza o el incremento, también histórico, del salario y el poder adquisitivo de la gran mayoría de los trabajadores mexicanos o podría escribir en un tono derrotista, como algunas izquierdas, el avance de las fuerzas armadas en territorios indígenas, la no aprobación de la reducción de la jornada laboral o el culto a la personalidad.

¿Cómo conciliar en un solo texto ambas posturas? Sobre todo tomando en cuenta que las dos son ciertas y parten de realidades materiales fijas. No sé si eso sea posible y para ser honesto con quien me lee tampoco tengo ganas de explorar esos terrenos en estas líneas.

No puedo más que agradecer haber vivido un gobierno de izquierda (lo más a la izquierda posible dentro del modelo formal-democrático) por primera vez en mis 27 años de vida. No solo haber vivido el gobierno sino haber podido ser testigo y protagonista de los cambios sustanciales en la vida de las personas de éste país que pese a mi negación de nacionalismo por primera vez pude sentir como mi patria.

Agradecer a quienes confiados en el proceso político de mediano y largo alcance se acercan en las redes y en las calles a exponer sus puntos de vista, sus dudas, sus críticas y su apoyo. La denominada 4T es suya como es de cualquiera que deseé ser parte de esto aún sin necesidad de militar; basta con comenzar a interesarse en lo que acontece, a dudar y a cuestionar el tradicionalismo apático que reinó en el país.

Agradecer al compañero Andrés Manuel la claridad política e ideológica que ha mostrado durante tanto tiempo; aún mucho antes de que pudiera presenciarlo. Agradecerle a nivel personal la integración latinoamericana que apuntaló con la CELAC y los diversos posicionamientos hacia el sur que me permiten creer que aquella locura de mirar al sur es posible.

Agradecer a las y los compañeros de los medios como los del partido por compartir un trago de agua entre flayers y notas, por permitirnos hermanarnos en diversas ideas y luchas y disertar en algunas otras. Gracias por el esfuerzo incansable de quienes son pilar y motivo de la 4T.

Pero también perdón a quienes no han sentido un proceso cercano; perdón a las comunidades indígenas, a las izquierdas encendidas y aguerridas, a la  autogestión y a quienes de manera sensata emanan críticas al proceso. Les pido perdón porque si bien no es mi caso el desvalorizar su histórico papel es cierto que existe una cerrazón al interior del obradorismo que lleva a ustedes violencia epistémica, digital, verbal y a veces física.

El compañero Andrés termina hoy su mandato; nos queda su lucha de años, sus palabras y su ejemplo pero también nos quedamos con un partido que a veces replica todos los vicios del pasado al grito de no ser lo mismo. Nos queda una estructura social comprometida que sigue superando con creces las carencias de una dirigencia burocratizada y a veces opaca que tendrá que cambiar pronto.

Nos queda un país que comenzó un proceso político de una manera inmejorable pero que su permanencia, consolidación y crecimiento dependerá de la capacidad crítica de quienes ejercen el poder; la zalamería, compañeros, es tumba de revoluciones. Gracias por todo, compañero Andrés Manuel, se merece el descanso de un retiro digno y puede ir con seguridad de que hay jóvenes militantes que no piensan fallar al pueblo.


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