Las pausas

Pensando sobre el tema de esta columna llegué a la conclusión de que necesito, antes que nada, explicar a usted (la audiencia como algo sin rostro) la razón de la pausa, de la ausencia, del silencio.

Sería simple escribir un análisis de coyuntura y hablar de la reforma judicial o bien de algún tema del informe presidencial o de las designaciones del gabinete entrante pero eso no sería honesto con quienes nos siguen desde hace tiempo y reconocieron el silencio; vieron la intermitencia y finalmente comprendieron la pausa.

Así que este primer texto de ésta tercera etapa de revista columnas viene con un prefacio.

Hablemos del cansancio inmovilizante del que Byung-Chul Han teorizaba hace un tiempo; resulta que hacer lo que se ama en un sistema que nos exige una producción incesante que nos exige de algún modo la explotación perpetua del cuerpo pero también de la mente y del alma conlleva tarde o temprano al famoso síndrome de ‘burnout’ nos quemamos, casi literalmente, la cabeza con tal de continuar en una carrera que nunca tenemos certeza de estar ganando, ni siquiera de estar en la ruta correcta.

Han no es el único que ha pensado y escrito al respecto, el existencialismo francés lo hizo hasta el cansancio, siguiendo con Sartre uno continúa el impulso de la sociedad y de sus propias decisiones de manera inconsciente; por mecánica hasta que un día aparece la náusea. No es una náusea metafórica a la que se refiere el autor sino a una náusea literal; un asco que se siente desde las entrañas hasta la garganta. Un día te despiertas y la rutina y la vida misma te da asco, te produce náusea. 

Camus le llamó absurdo. De igual forma que Sartre supone que la irreflexividad de la vida es la que nos da la capacidad de mantenernos con vida; sin embargo en algún momento llega a nosotros la respuesta de que lo que hacemos es absurdo. Es absurdo levantarse cada mañana a la misma hora, salir a correr, es absurdo desayunar saludable y dirigirse a la oficina, es absurdo escribir, es absurdo fundar o sostener una revista y entonces nos llenamos de absurdos.

Es entonces cuando la pausa se hace irrenunciable, cuando uno está agotado, lleno de náusea y de absurdo lo único que puede, y debe, hacer es dar una pausa. Permitir a las musas retomar sus vuelos, permitir a la vida llevarnos a lugares sin sentido, dejar de resistir para poder volver al hogar. Llegar a calentar la sopa y bajar las cortinas para evitar acrecentar la náusea, evitar ser consumidos por el absurdo y poder apagar el fuego en el que estamos.

He ahí el motivo de la pausa en Revista Columnas, la vida se nos ha venido encima, como equipo y como proyecto. La carrera de la incertidumbre nos llevó en sí misma a hartarnos y a sobrepasar límites de nosotrxs mismxs. Curiosamente las otras actividades nos han agotado y llenado de náusea y de absurdo por lo que un grupo de escritoras conocidas por ustedes y yo volvimos a hablar de reconstruir la casa. De recuperarnos la salita de vino y abrazos y de invitar a nuevas plumas que puedan abrazar, abrazarse y abrazarnos en esta etapa.

Así que les damos la bienvenida a las nuevas plumas, a las nuevas lectoras y lectores. Le damos un digno regreso a las plumas que nos han acompañado desde 2019 y en otras etapas y a las y los lectores que han soportado los primeros pasos, las ocurrencias y que soportaron la pausa.


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